“...Al andar se hace camino
Y, al volver la vista atrás,
Verás la senda que nunca
Has de volver a pisar.”
Se va un año mas, y con él se cierran etapas, se abren otras, y uno tiende a meditar sobre todas las cosas que hemos vivido.
En verdad, este ha sido un año especial, sino el que más, no sólo por todas las vivencias que discurrieron en él, sino por la forma en que afectó mi vida.
Es curioso como la vida te enseña cosas, y te pone en los puntos de reflexión más curiosos... yo, que por profesión y oficio vivo de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, de playa en playa, todo el tiempo, no importa el día ni la fecha, me encuentro hoy, a escasos minutos de las doce de la medianoche, exactamente en el mismo lugar en que me encontraba a la misma hora del mismo día del año pasado! Ese coincidencial Dejá-vú me dejo la extraña sensación de que había sido sólo ayer cuando me encontraba, entre tanta gente, solo en la playa, bajo una noche fresca y estrellada, con una esperanza en la mente... el año que entra va a ser Mí año!
Bueno, y en cierta forma lo fué.
Al caminar por la arena, contemplando el mar que mas bien parece un lago, cristalino y en la mas absoluta calma, y al sentir la brisa fresca con olor a mar rozándome la cara, pasó por mi cabeza, como un documental, todo lo que ocurrió luego de aquella noche... como si fuera ayer.
Recuerdo los planes de boda, la lista de invitados, la tela del traje, la sensación visceral de que no era lo correcto, y la discusión final que lo echó todo por la borda.
También me recordé del cansancio, ese cansancio que me llegaba hasta los huesos, hasta el alma...
Me acuerdo de las vacaciones que tanto quería disfrutar con mi pareja, para botar el estrés, ese agotamiento mental y emocional que me agobiaba, para re-encontrarnos y re-encontrar la razón de ese “nosotros”... y pasan por mi mente las tristes imágenes de mí esperándola en el hotel, mientras ella en cambio sacaba sus cosas del apartamento para mudarse con una amiga, en un lugar desconocido.
Aquí llegan los recuerdos de tristeza, de depresión, de grandes amigos (bueno, una gran amiga) que hicieron pequeñas cosas que significaron tanto... personas que estuvieron y hoy ya no están, personas que estuvieron y hoy aún están...
Recuerdo que abrí un blog...
Recuerdo como llegó ella a mi vida.
Ella llegó y entro, primero lentamente, luego súbitamente. Esa sensación, ese sentimiento nuevo, inexplicable, embriagador, inundó de repente mi mente y mi corazón, como si fuera ayer... Ella me sacó de mi inercia y me empujó hacia un destino nuevo, prometedor, me mostró el camino y me haló de la mano..
Recuerdo como ella salió de mi vida, el sabor amargo aun inunda mi boca.
Muchos recuerdos se quedaron sin escribir, muchas aventuras, muchas... pero recuerdo el mar, el amanecer mas bello que jamás he visto, el olor a mar mezclado con chocolate, el frío de la madrugada, el calor de sus abrazos, su dulzura, su tierna voz... a veces la vida nos sorprende, mostrándonos lo que hubiera sido si alguien hubiese aparecido sólo un poquito antes...
Ya el año agoniza, sus minutos son escasos y están bien contados, como aquel viejo patriarca que lentamente muere, y sus deudos se reúnen en torno a él esperando sólo su muerte para tomar posesión de su herencia.
Y yo, en la playa, contemplando la gente gozando, viendo sus relojes, cantando y bailando, miro al cielo, contemplo las estrellas y me doy cuenta que, al igual que aquella vez, el año termina como empezó... con una esperanza.
La felicidad no es la meta, es el camino.
...al final de cuentas.
FELIZ AÑO 2009!!!
miércoles, 31 de diciembre de 2008
jueves, 13 de noviembre de 2008
Ternezas
Hoy miro brotar el alba
Llena de lindos colores,
Como bordada por tí.
Y sus trinos y sus flores
Envenenan mi nostalgia
Y me hacen sentir feliz.
Hoy le pido a las ternuras
De tus manecitas blancas
Que cuiden de mi cariño,
Que me traten como a un niño
Hijo de la soledad.
Ay,
Si la luna conversara
Cuantas cosas te contara
De este pobre corazón.
Ay,
Si la fuente con su arrullo
Te dijera en su murmullo
Las ternezas de mi amor.
Muy cruel es pensar que en tu alma
No anida un cariño.
Cariño que sólo te pido
Con gran devoción.
Ay,
Si Dios quisiera que un día
Te antojaras de mi vida...
Cuanto quisiera yo a Dios!
Moisés Zouain.
Llena de lindos colores,
Como bordada por tí.
Y sus trinos y sus flores
Envenenan mi nostalgia
Y me hacen sentir feliz.
Hoy le pido a las ternuras
De tus manecitas blancas
Que cuiden de mi cariño,
Que me traten como a un niño
Hijo de la soledad.
Ay,
Si la luna conversara
Cuantas cosas te contara
De este pobre corazón.
Ay,
Si la fuente con su arrullo
Te dijera en su murmullo
Las ternezas de mi amor.
Muy cruel es pensar que en tu alma
No anida un cariño.
Cariño que sólo te pido
Con gran devoción.
Ay,
Si Dios quisiera que un día
Te antojaras de mi vida...
Cuanto quisiera yo a Dios!
Moisés Zouain.
viernes, 3 de octubre de 2008
El regalo mejor
Qué se le puede dar a alguien que lo merece todo?
Ayer celebré tu cumpleaños tan pronto ví asomar el sol
Y en ese día tan glorioso fue cuando todo acabó.
Algo que empezó jugando, surgió el romance, nació la ilusión
Y así, como ilusión al fin, al soplar el viento se la llevó.
Ahora que ya nada importa, ahora que todo es fútil...
Pienso en tí todo el tiempo, y aun pienso
Que mi alma ahora sufre, no por desilusión, sino por querer tanto
Que dí tanto de mí por tí que ahora no me queda nada.
Y al mirar a mi interior veo el nidito donde tu amor reposaba...
Que todavía está.
Qué se puede hacer, qué se puede dar?
El mejor regalo que le puedes dar a alguien,
No es tu tiempo
El tiempo es una jarra vacía, lo valioso es con qué la llenas
Quizás sea la amistad
Pero no tuve tiempo de regalarle eso,
y el tiempo ya no queda, y quería darle algo mas grande.
Qué se le puede regalar, qué le puedo dar?
Ya entiendo el vacío de mi alma, ya comprendo mi desilusión
Quería regalarle algo grande, algo único, valioso, especial,
Algo que ella apreciara y lo pudiera atesorar
Porque el presente mas valioso no es el que te sobra,
Sino el que añoras.
Porque a alguien único le das algo único,
Definitivamente...
El mejor regalo que le puedes dar a alguien,
Tu corazón.
...Porque lo he considerado como el regalo mejor.
Ayer celebré tu cumpleaños tan pronto ví asomar el sol
Y en ese día tan glorioso fue cuando todo acabó.
Algo que empezó jugando, surgió el romance, nació la ilusión
Y así, como ilusión al fin, al soplar el viento se la llevó.
Ahora que ya nada importa, ahora que todo es fútil...
Pienso en tí todo el tiempo, y aun pienso
Que mi alma ahora sufre, no por desilusión, sino por querer tanto
Que dí tanto de mí por tí que ahora no me queda nada.
Y al mirar a mi interior veo el nidito donde tu amor reposaba...
Que todavía está.
Qué se puede hacer, qué se puede dar?
El mejor regalo que le puedes dar a alguien,
No es tu tiempo
El tiempo es una jarra vacía, lo valioso es con qué la llenas
Quizás sea la amistad
Pero no tuve tiempo de regalarle eso,
y el tiempo ya no queda, y quería darle algo mas grande.
Qué se le puede regalar, qué le puedo dar?
Ya entiendo el vacío de mi alma, ya comprendo mi desilusión
Quería regalarle algo grande, algo único, valioso, especial,
Algo que ella apreciara y lo pudiera atesorar
Porque el presente mas valioso no es el que te sobra,
Sino el que añoras.
Porque a alguien único le das algo único,
Definitivamente...
El mejor regalo que le puedes dar a alguien,
Tu corazón.
...Porque lo he considerado como el regalo mejor.
sábado, 2 de agosto de 2008
Cuando se rompe la taza...
Recuerdo que cuando era niño tenía una taza.
Era una taza de cerámica, muy delicada, blanca y de bordes finos cubiertos con una línea dorada que parecía de oro, y en ella me desayunaba todos los días con un rico y espeso chocolate caliente en el cual zambullía un pan de agua tostadito y untado de mantequilla. Era un ritual diario, casi ceremonial... me sentaba frente a la televisión y, mientras veía los muñequitos me comía lentamente el pan mojado en el chocolate y, cuando ya no había más pan, me bebía el resto del chocolate que quedaba, que con los restos de mantequilla diluída le daba un sabor único!
Esa, por costumbre, se había convertido en “mi taza”.
Supongo que todo comenzó el día que me sirvieron el primer desayuno de chocolate caliente con pan en esa taza, y me gustó tanto que al día siguiente me lo dieron otra vez, en la misma taza, y así sucesivamente, hasta que llega el punto inconsciente en el que uno ya asocia la taza con el chocolate, y se hace tan cotidiano el uso de ella que ya forma parte de la rutina diaria... si no veía la taza, es que no había chocolate y, si la veía, se me hacia la boca agua !
Nadie más podía ya usar esa taza.
Se había convertido, por costumbre, en mi propiedad, y miraba mal a cualquiera que osara a tomar esa taza de la gaveta de la cocina para nada que no fuera mi famoso chocolate con pan, que para ese entonces me gustaba tanto que a veces lo pedía también de cena.
Pero, un buen día, la taza se rompió.
Aún recuerdo el reguero de chocolate en el piso, y la taza igualmente desparramada en exactamente 4 pedazos incluyendo el asa. Me quedé un par de minutos contemplando con impotencia la escena... esto no puede estar pasandome! Ese día me acuerdo que no me desayuné con el chocolate habitual, sino con el pan y otra cosa que mi mamá hizo a último minuto antes de irme al colegio. Procuré recoger los pedazos, lavarlos con agua y guardarlos en un lugar de la cocina para que no los botaran. No me acordé más de la taza hasta la mañana siguiente cuando, como de costumbre, esperaba mi rica taza de siempre con su rico chocolate caliente pero... oh, y esto?
Me traen el chocolate en una taza nueva.
Me acuerdo que era color marrón claro, gruesa, más alta que la otra y sin líneas doradas, y créanme que el chocolate no me supo para nada igual!, de hecho, la sensación de los bordes gruesos de la nueva taza le daban una textura nueva al chocolate, y me desagradó mucho. Yo quería mi taza de nuevo!!
Entonces, intenté reparar la taza rota.
Había una especie de pegamento especial en casa que decía “para reparar cerámicas, losas, etc..” y decidí pegar los pedazos rotos de la taza con eso!. Me entusiasmó ver que los pedazos encajaban perfectamente. No se había perdido ni un pedacito y, luego del tiempo de secado que decía el pegamento, la taza estaba lista! También me acuerdo de la risotada de mi madre cuando la vió, diciéndome que botara eso, que ya no servía, y que para eso ya yo tenia otra, pero yo no le hacia caso, es que ella no entendía... esa era MI taza!
Pero, ya la taza no era la misma.
El sabor había cambiado... el chocolate, que había que servirlo tibio a petición mía para que no se desprendiera el arreglo, tenía ahora un sabor a pegamento, y no podía agarrarla por el asa por temor a que se despegara. Sin embargo, yo persistía, porque creía que el sabor a pega se iría, que el pegamento se solidificaría, y que en un tiempo corto ni se iba a notar que fue arreglada. De hecho, ya me estaba acostumbrando al sabor raro cuando, lamentablemente, agarrando la tasa por el asa, ésta se despegó y cayó.
La taza se volvió a romper, y ya no se podía reparar más.
Fué mi madre quien se encargó de botarla entre boches y reproches de que no me atreviera a volver a arreglarla, y me sirvió el chocolate en la taza nueva que me había comprado. Pero, esa taza no me gustaba! Yo quería mi tazaaa!! Esa era MI tazaaa, de toda la vidaaa!!!. No me tomé el chocolate.
Entonces, aborrecí la taza nueva y el chocolate caliente!
Le dije a mi madre que me hiciera otra cosa de desayuno y, en vez de chocolate caliente, preferí que me hicieran Cocoa fría, que me la tomaba en un vaso, por necesidad.
Pasó el tiempo, mucho tiempo y, ya grande yo, me antojé de una buena taza de chocolate caliente con pan, y me decidí a hacerla yo mismo. Cuando busqué una taza para servirlo, me tropecé con aquella taza que yo no quería, y en ella serví el chocolate caliente... y me emocioné al encontrar el mismo sabor a chocolate que me fascinaba de antes, y ahí me di cuenta....
Me había enamorado de una simple taza, y en realidad lo que me gustaba era el chocolate!
Pensaba que esa era la única taza en el mundo que podía brindarme ese sabor y, cuando se rompió, me aferraba a esa taza por la costumbre, y la arreglé por la esperanza de que volviera a ser como el primer día, pero las cosas arregladas ya no son nunca iguales.
Uno se aferra a lo que se tiene por mucho tiempo, porque crees que solo ahí es que el chocolate es bueno, pero...
...El chocolate, cuando es bueno, sabe bueno en cualquier taza!!
Era una taza de cerámica, muy delicada, blanca y de bordes finos cubiertos con una línea dorada que parecía de oro, y en ella me desayunaba todos los días con un rico y espeso chocolate caliente en el cual zambullía un pan de agua tostadito y untado de mantequilla. Era un ritual diario, casi ceremonial... me sentaba frente a la televisión y, mientras veía los muñequitos me comía lentamente el pan mojado en el chocolate y, cuando ya no había más pan, me bebía el resto del chocolate que quedaba, que con los restos de mantequilla diluída le daba un sabor único!
Esa, por costumbre, se había convertido en “mi taza”.
Supongo que todo comenzó el día que me sirvieron el primer desayuno de chocolate caliente con pan en esa taza, y me gustó tanto que al día siguiente me lo dieron otra vez, en la misma taza, y así sucesivamente, hasta que llega el punto inconsciente en el que uno ya asocia la taza con el chocolate, y se hace tan cotidiano el uso de ella que ya forma parte de la rutina diaria... si no veía la taza, es que no había chocolate y, si la veía, se me hacia la boca agua !
Nadie más podía ya usar esa taza.
Se había convertido, por costumbre, en mi propiedad, y miraba mal a cualquiera que osara a tomar esa taza de la gaveta de la cocina para nada que no fuera mi famoso chocolate con pan, que para ese entonces me gustaba tanto que a veces lo pedía también de cena.
Pero, un buen día, la taza se rompió.
Aún recuerdo el reguero de chocolate en el piso, y la taza igualmente desparramada en exactamente 4 pedazos incluyendo el asa. Me quedé un par de minutos contemplando con impotencia la escena... esto no puede estar pasandome! Ese día me acuerdo que no me desayuné con el chocolate habitual, sino con el pan y otra cosa que mi mamá hizo a último minuto antes de irme al colegio. Procuré recoger los pedazos, lavarlos con agua y guardarlos en un lugar de la cocina para que no los botaran. No me acordé más de la taza hasta la mañana siguiente cuando, como de costumbre, esperaba mi rica taza de siempre con su rico chocolate caliente pero... oh, y esto?
Me traen el chocolate en una taza nueva.
Me acuerdo que era color marrón claro, gruesa, más alta que la otra y sin líneas doradas, y créanme que el chocolate no me supo para nada igual!, de hecho, la sensación de los bordes gruesos de la nueva taza le daban una textura nueva al chocolate, y me desagradó mucho. Yo quería mi taza de nuevo!!
Entonces, intenté reparar la taza rota.
Había una especie de pegamento especial en casa que decía “para reparar cerámicas, losas, etc..” y decidí pegar los pedazos rotos de la taza con eso!. Me entusiasmó ver que los pedazos encajaban perfectamente. No se había perdido ni un pedacito y, luego del tiempo de secado que decía el pegamento, la taza estaba lista! También me acuerdo de la risotada de mi madre cuando la vió, diciéndome que botara eso, que ya no servía, y que para eso ya yo tenia otra, pero yo no le hacia caso, es que ella no entendía... esa era MI taza!
Pero, ya la taza no era la misma.
El sabor había cambiado... el chocolate, que había que servirlo tibio a petición mía para que no se desprendiera el arreglo, tenía ahora un sabor a pegamento, y no podía agarrarla por el asa por temor a que se despegara. Sin embargo, yo persistía, porque creía que el sabor a pega se iría, que el pegamento se solidificaría, y que en un tiempo corto ni se iba a notar que fue arreglada. De hecho, ya me estaba acostumbrando al sabor raro cuando, lamentablemente, agarrando la tasa por el asa, ésta se despegó y cayó.
La taza se volvió a romper, y ya no se podía reparar más.
Fué mi madre quien se encargó de botarla entre boches y reproches de que no me atreviera a volver a arreglarla, y me sirvió el chocolate en la taza nueva que me había comprado. Pero, esa taza no me gustaba! Yo quería mi tazaaa!! Esa era MI tazaaa, de toda la vidaaa!!!. No me tomé el chocolate.
Entonces, aborrecí la taza nueva y el chocolate caliente!
Le dije a mi madre que me hiciera otra cosa de desayuno y, en vez de chocolate caliente, preferí que me hicieran Cocoa fría, que me la tomaba en un vaso, por necesidad.
Pasó el tiempo, mucho tiempo y, ya grande yo, me antojé de una buena taza de chocolate caliente con pan, y me decidí a hacerla yo mismo. Cuando busqué una taza para servirlo, me tropecé con aquella taza que yo no quería, y en ella serví el chocolate caliente... y me emocioné al encontrar el mismo sabor a chocolate que me fascinaba de antes, y ahí me di cuenta....
Me había enamorado de una simple taza, y en realidad lo que me gustaba era el chocolate!
Pensaba que esa era la única taza en el mundo que podía brindarme ese sabor y, cuando se rompió, me aferraba a esa taza por la costumbre, y la arreglé por la esperanza de que volviera a ser como el primer día, pero las cosas arregladas ya no son nunca iguales.
Uno se aferra a lo que se tiene por mucho tiempo, porque crees que solo ahí es que el chocolate es bueno, pero...
...El chocolate, cuando es bueno, sabe bueno en cualquier taza!!
jueves, 17 de julio de 2008
Lo que yo quiero
Que nadie me conozca y que nadie me quiera.
Que nadie se preocupe de mi triste destino.
Quiero ser incansable y eterno peregrino,
Que camina sin rumbo porque nadie le espera.
Que no sepan de mi vida ni yo sepa la ajena.
Que ignore todo el mundo si soy triste o dichoso.
Quiero ser una gota de un mar tempestuoso
O en inmenso desierto un granito de arena.
Caminar mundo dentro, solo, con mis dolores.
Nómada, sin amigos, sin amor sin anhelos.
Que mi hogar sea el camino y mi techo sea el cielo,
Y mi lecho las hojas de algún árbol sin flores.
Cuando ya tenga polvo de todos los caminos,
Cuando ya este cansado de luchar con mi suerte,
Me lanzaré en la noche sin luna de la muerte
De donde no regresan jamás los peregrinos.
Y morir una tarde cuando el sol triste alumbre.
Descendiendo un camino,
O ascendiendo una cumbre,
Pero donde no haya quien me pueda enterrar.
Que mis restos, ya polvo,
Los disipen los vientos
Para cuando ella sienta remordimiento,
No se encuentre mi tumba ni me pueda rezar.
Héctor J. Díaz
Que nadie se preocupe de mi triste destino.
Quiero ser incansable y eterno peregrino,
Que camina sin rumbo porque nadie le espera.
Que no sepan de mi vida ni yo sepa la ajena.
Que ignore todo el mundo si soy triste o dichoso.
Quiero ser una gota de un mar tempestuoso
O en inmenso desierto un granito de arena.
Caminar mundo dentro, solo, con mis dolores.
Nómada, sin amigos, sin amor sin anhelos.
Que mi hogar sea el camino y mi techo sea el cielo,
Y mi lecho las hojas de algún árbol sin flores.
Cuando ya tenga polvo de todos los caminos,
Cuando ya este cansado de luchar con mi suerte,
Me lanzaré en la noche sin luna de la muerte
De donde no regresan jamás los peregrinos.
Y morir una tarde cuando el sol triste alumbre.
Descendiendo un camino,
O ascendiendo una cumbre,
Pero donde no haya quien me pueda enterrar.
Que mis restos, ya polvo,
Los disipen los vientos
Para cuando ella sienta remordimiento,
No se encuentre mi tumba ni me pueda rezar.
Héctor J. Díaz
miércoles, 18 de junio de 2008
Quisiera decirte...
Descansa en mis brazos.
Ponte cómoda, siente como te protejo y te cuido,
Cierra los ojos.
Déjate llevar,
No tengas miedo, que yo estoy aquí contigo y no te dejo.
Duerme tranquila.
Confía en mí,
Mi sentimiento es sincero, y ves como cada día te lo demuestro.
No temas.
Me provoca decirte todo esto al oído,
Mientras te abrazo y veo tus ojos cerrados,
Tu semblante serena y tus labios…
Pero no lo hago.
Prefiero seguir contemplando en silencio ese regalo de Dios,
Un milagro ante mis ojos que quizás
No se repita jamás.
Me provoca decirte mil cosas al oído,
Tantas que se agolpan en mi interior y no salen,
Y se convierten en una sensación tibia, nueva, envolvente…
Que sólo me provoca abrazarte, y besarte,
Y no soltarte jamás!
Me provoca decirte tantas cosas, cuando duermes en mi pecho…
Que solo te diré una.
…algún día.
Ponte cómoda, siente como te protejo y te cuido,
Cierra los ojos.
Déjate llevar,
No tengas miedo, que yo estoy aquí contigo y no te dejo.
Duerme tranquila.
Confía en mí,
Mi sentimiento es sincero, y ves como cada día te lo demuestro.
No temas.
Me provoca decirte todo esto al oído,
Mientras te abrazo y veo tus ojos cerrados,
Tu semblante serena y tus labios…
Pero no lo hago.
Prefiero seguir contemplando en silencio ese regalo de Dios,
Un milagro ante mis ojos que quizás
No se repita jamás.
Me provoca decirte mil cosas al oído,
Tantas que se agolpan en mi interior y no salen,
Y se convierten en una sensación tibia, nueva, envolvente…
Que sólo me provoca abrazarte, y besarte,
Y no soltarte jamás!
Me provoca decirte tantas cosas, cuando duermes en mi pecho…
Que solo te diré una.
…algún día.
jueves, 29 de mayo de 2008
La llamada.
Me encontré con Juan de nuevo.
Me estaba contando, entre otras cosas, que hace unos días recibió una llamada.
Resulta que Juan lleva tres meses sobrio de una relación tóxica de mas de 3 años, que terminó tan abruptamente como comenzó. Alguien le dijo a Juan: “Oye, el dolor es inevitable, pero sufrir es opcional”, y el lo llevó al pie de la letra, hasta el punto de que ya, a sólo tres meses después, su mente y su corazón estaban muy ocupados en otra persona y en otros asuntos… hasta que recibió la llamada.
Me dice él que estaba en una oficina, por la tarde, haciendo unas diligencias cuando, de repente, sonó su celular.
Juan sintió un brinco en el corazón, y pensó: “es ella!”, tomo el celular, y antes de abrirlo vió el número… no, no era ella. “Bueno, pero quien será?”, pensó Juan, al ver un número que, aún cuando no podía recordar bien, le parecía algo familiar. “Ah, quizás sea una de las que he conocido en estos días”, dijo él para sí, mientras el celular seguía sonando, “Que suene, que no estoy en eso ahora” y optó por dejar que la llamada se cayera.
Al rato, luego de Juan concluir sus diligencias, tomó el cel y llamó al buzón de voz, a ver quien lo había llamado. Honestamente, esperaba oír el mismo mensaje de siempre: “Hola!, te acuerdas de mí?... soy fulanita, solo quería saber como estas y saber si estas bien, me haces falta, bla, bla, bla...”, y cosas así, de chicas que conoció casualmente y que pierden el interés tan pronto como las dejaba de ver, pero… Oh, sorpresa!
Escuchó una voz de mujer muy familiar, que en un tono muy alegre le decía algo muy similar: “hola, Juan, soy yo… (silencio) ...nada, solo te llamaba porque quería escucharte, para saber como estabas..., espero que estés bien, así que... (silencio) ...nada, hablamos después, Bye.” Algo así, según él.
No, no era ella... era su Ex.
Juan me dice que lo que más lo desconcertó no fue la llamada en sí, ni lo que ella dejó grabado, sino lo que sintió luego de escuchar la llamada.
Juan no sintió un brinco en el corazón, ni un malestar en el estomago, ni un suspiro de alegría, ni un esbozo de sonrisa, nada de eso. Por el contrario, lo que sorprendió a Juan es que se sintió molesto con la llamada, y no molesto por el contenido, sino por la llamada misma!. Se sintió igual que si lo hubiera llamado una de tantas que le asedian el celular, por lo que el opta por no responder llamadas desconocidas.
“Que pasó?”, me preguntó Juan, “Yo realmente pensé que la amaba, y que todo ese tiempo juntos no se iba a borrar en un par de meses…”. El realmente pensaba que lo que estaba haciendo era suprimiendo un sentimiento con otro y que, al mínimo contacto con su ex, todo eso afloraría nuevamente… pero no!
Al final se dió cuenta de que su “gran amor” no era más que una gran adicción, como yo le había dicho tantas veces… sólo tenía que alejarse de esa droga por un tiempo prudente, y después que se le pasara el “mono”, vería como esa misma droga había manipulado su vida.
Ahora Juan me dice que se siente como uno de esos fumadores de cigarrillos que, luego de fumarse varias cajetillas al día y no poder estar sin uno encendido, un buen día lo deja y, varios meses después, ya no le hace falta, peor aún, ya el olor a cigarrillo le hiede.
Me estaba contando, entre otras cosas, que hace unos días recibió una llamada.
Resulta que Juan lleva tres meses sobrio de una relación tóxica de mas de 3 años, que terminó tan abruptamente como comenzó. Alguien le dijo a Juan: “Oye, el dolor es inevitable, pero sufrir es opcional”, y el lo llevó al pie de la letra, hasta el punto de que ya, a sólo tres meses después, su mente y su corazón estaban muy ocupados en otra persona y en otros asuntos… hasta que recibió la llamada.
Me dice él que estaba en una oficina, por la tarde, haciendo unas diligencias cuando, de repente, sonó su celular.
Juan sintió un brinco en el corazón, y pensó: “es ella!”, tomo el celular, y antes de abrirlo vió el número… no, no era ella. “Bueno, pero quien será?”, pensó Juan, al ver un número que, aún cuando no podía recordar bien, le parecía algo familiar. “Ah, quizás sea una de las que he conocido en estos días”, dijo él para sí, mientras el celular seguía sonando, “Que suene, que no estoy en eso ahora” y optó por dejar que la llamada se cayera.
Al rato, luego de Juan concluir sus diligencias, tomó el cel y llamó al buzón de voz, a ver quien lo había llamado. Honestamente, esperaba oír el mismo mensaje de siempre: “Hola!, te acuerdas de mí?... soy fulanita, solo quería saber como estas y saber si estas bien, me haces falta, bla, bla, bla...”, y cosas así, de chicas que conoció casualmente y que pierden el interés tan pronto como las dejaba de ver, pero… Oh, sorpresa!
Escuchó una voz de mujer muy familiar, que en un tono muy alegre le decía algo muy similar: “hola, Juan, soy yo… (silencio) ...nada, solo te llamaba porque quería escucharte, para saber como estabas..., espero que estés bien, así que... (silencio) ...nada, hablamos después, Bye.” Algo así, según él.
No, no era ella... era su Ex.
Juan me dice que lo que más lo desconcertó no fue la llamada en sí, ni lo que ella dejó grabado, sino lo que sintió luego de escuchar la llamada.
Juan no sintió un brinco en el corazón, ni un malestar en el estomago, ni un suspiro de alegría, ni un esbozo de sonrisa, nada de eso. Por el contrario, lo que sorprendió a Juan es que se sintió molesto con la llamada, y no molesto por el contenido, sino por la llamada misma!. Se sintió igual que si lo hubiera llamado una de tantas que le asedian el celular, por lo que el opta por no responder llamadas desconocidas.
“Que pasó?”, me preguntó Juan, “Yo realmente pensé que la amaba, y que todo ese tiempo juntos no se iba a borrar en un par de meses…”. El realmente pensaba que lo que estaba haciendo era suprimiendo un sentimiento con otro y que, al mínimo contacto con su ex, todo eso afloraría nuevamente… pero no!
Al final se dió cuenta de que su “gran amor” no era más que una gran adicción, como yo le había dicho tantas veces… sólo tenía que alejarse de esa droga por un tiempo prudente, y después que se le pasara el “mono”, vería como esa misma droga había manipulado su vida.
Ahora Juan me dice que se siente como uno de esos fumadores de cigarrillos que, luego de fumarse varias cajetillas al día y no poder estar sin uno encendido, un buen día lo deja y, varios meses después, ya no le hace falta, peor aún, ya el olor a cigarrillo le hiede.
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