...Te acuerdas, cuando éramos dos niños, dos carajitos, que jugábamos en la grama de aquella casa con el patio graaaande, que parecía infinito... te acuerdas? Que rodábamos por la grama, muertos de risa, que en un momento me quedé yo encima de tí, mirando tus ojos, tu boca, tú me mirabas, nos íbamos a besar... no sabíamos como.
Te acuerdas, tú, que salíamos del colegio, íbamos a tu casa, nos subíamos al techo a mirar el paisaje, tú y yo solos, sin atrevernos...?
Y tú, recuerdas el bachillerato, cuando en la fiesta, disimuladamente te agarré de la mano, sensualmente y tú, entre pícara y sonrojada me decías: Juaan, Juaan... te acuerdas?
Me acuerdo de tí en esas tardes, cuando salíamos de la universidad... tú vivías siempre cerca, siempre sola, siempre gitana, y yo me quedaba contigo en tu apartamento, en tu habitación... recuerdo como acariciaba tus piernas mientras hablabas... éramos como uña y carne...
Wow... y tú, tú misma!, recuerdas cuando te ví en el hospital?, te veía en cámara lenta cuando caminabas... esa silueta pequeña, diminuta, delgada, ese pelo largo y suelto, esas ínfulas de grandeza que te hacían ver gigante, y esa bata tan grande que te hacia parecer a Batichica...
Me acuerdo también de tí, cuando estaba anocheciendo, estabas en mi consultorio, sentada, aparentabas que leías mientras yo me acercaba cada vez mas, hasta que te robé ese beso... y me lo dejaste robar entero! Luego me acuerdo que te mudaste sola, independiente, en una habitación, y empezaste a trabajar... yo te esperaba afuera cuando salías, y nos íbamos por ahí... a comernos un sándwich, a comernos tu y yo... te acuerdas la fiebre que nos dió?
Recuerdas tú cuando, bailando, te dije que parecías una niña buena, y me dijiste con esa picardía... Buena?, yo no soy buena... yo soy mala! (y era verdad!), y las veces que te visitaba a tu casa, al consultorio, donde sea, sólo hacia falta acercarnos un poco, olernos un poco, solo un poquito, para perdernos irremediablemente en la pasión, como cuando casi rompimos el lavamanos del baño, o como cuando casi lo hicimos en la guagua de Metro?
Hoy me sentí un poco nostálgico, y empecé a recordar todas esas vivencias, todas distintas, personas distintas y épocas diferentes.
Alguien me dijo una vez que, al terminar una relación, me enfocaría primero en recordar todo lo malo que hubo durante esa experiencia pero que luego, con el paso del tiempo, cuando esa pasión se haya ido, empezaría entonces a recordar todos los momentos lindos vividos durante aquella experiencia, y que los recordaría con una sonrisa...
Ella tenía razón.
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lunes, 23 de febrero de 2009
jueves, 29 de mayo de 2008
La llamada.
Me encontré con Juan de nuevo.
Me estaba contando, entre otras cosas, que hace unos días recibió una llamada.
Resulta que Juan lleva tres meses sobrio de una relación tóxica de mas de 3 años, que terminó tan abruptamente como comenzó. Alguien le dijo a Juan: “Oye, el dolor es inevitable, pero sufrir es opcional”, y el lo llevó al pie de la letra, hasta el punto de que ya, a sólo tres meses después, su mente y su corazón estaban muy ocupados en otra persona y en otros asuntos… hasta que recibió la llamada.
Me dice él que estaba en una oficina, por la tarde, haciendo unas diligencias cuando, de repente, sonó su celular.
Juan sintió un brinco en el corazón, y pensó: “es ella!”, tomo el celular, y antes de abrirlo vió el número… no, no era ella. “Bueno, pero quien será?”, pensó Juan, al ver un número que, aún cuando no podía recordar bien, le parecía algo familiar. “Ah, quizás sea una de las que he conocido en estos días”, dijo él para sí, mientras el celular seguía sonando, “Que suene, que no estoy en eso ahora” y optó por dejar que la llamada se cayera.
Al rato, luego de Juan concluir sus diligencias, tomó el cel y llamó al buzón de voz, a ver quien lo había llamado. Honestamente, esperaba oír el mismo mensaje de siempre: “Hola!, te acuerdas de mí?... soy fulanita, solo quería saber como estas y saber si estas bien, me haces falta, bla, bla, bla...”, y cosas así, de chicas que conoció casualmente y que pierden el interés tan pronto como las dejaba de ver, pero… Oh, sorpresa!
Escuchó una voz de mujer muy familiar, que en un tono muy alegre le decía algo muy similar: “hola, Juan, soy yo… (silencio) ...nada, solo te llamaba porque quería escucharte, para saber como estabas..., espero que estés bien, así que... (silencio) ...nada, hablamos después, Bye.” Algo así, según él.
No, no era ella... era su Ex.
Juan me dice que lo que más lo desconcertó no fue la llamada en sí, ni lo que ella dejó grabado, sino lo que sintió luego de escuchar la llamada.
Juan no sintió un brinco en el corazón, ni un malestar en el estomago, ni un suspiro de alegría, ni un esbozo de sonrisa, nada de eso. Por el contrario, lo que sorprendió a Juan es que se sintió molesto con la llamada, y no molesto por el contenido, sino por la llamada misma!. Se sintió igual que si lo hubiera llamado una de tantas que le asedian el celular, por lo que el opta por no responder llamadas desconocidas.
“Que pasó?”, me preguntó Juan, “Yo realmente pensé que la amaba, y que todo ese tiempo juntos no se iba a borrar en un par de meses…”. El realmente pensaba que lo que estaba haciendo era suprimiendo un sentimiento con otro y que, al mínimo contacto con su ex, todo eso afloraría nuevamente… pero no!
Al final se dió cuenta de que su “gran amor” no era más que una gran adicción, como yo le había dicho tantas veces… sólo tenía que alejarse de esa droga por un tiempo prudente, y después que se le pasara el “mono”, vería como esa misma droga había manipulado su vida.
Ahora Juan me dice que se siente como uno de esos fumadores de cigarrillos que, luego de fumarse varias cajetillas al día y no poder estar sin uno encendido, un buen día lo deja y, varios meses después, ya no le hace falta, peor aún, ya el olor a cigarrillo le hiede.
Me estaba contando, entre otras cosas, que hace unos días recibió una llamada.
Resulta que Juan lleva tres meses sobrio de una relación tóxica de mas de 3 años, que terminó tan abruptamente como comenzó. Alguien le dijo a Juan: “Oye, el dolor es inevitable, pero sufrir es opcional”, y el lo llevó al pie de la letra, hasta el punto de que ya, a sólo tres meses después, su mente y su corazón estaban muy ocupados en otra persona y en otros asuntos… hasta que recibió la llamada.
Me dice él que estaba en una oficina, por la tarde, haciendo unas diligencias cuando, de repente, sonó su celular.
Juan sintió un brinco en el corazón, y pensó: “es ella!”, tomo el celular, y antes de abrirlo vió el número… no, no era ella. “Bueno, pero quien será?”, pensó Juan, al ver un número que, aún cuando no podía recordar bien, le parecía algo familiar. “Ah, quizás sea una de las que he conocido en estos días”, dijo él para sí, mientras el celular seguía sonando, “Que suene, que no estoy en eso ahora” y optó por dejar que la llamada se cayera.
Al rato, luego de Juan concluir sus diligencias, tomó el cel y llamó al buzón de voz, a ver quien lo había llamado. Honestamente, esperaba oír el mismo mensaje de siempre: “Hola!, te acuerdas de mí?... soy fulanita, solo quería saber como estas y saber si estas bien, me haces falta, bla, bla, bla...”, y cosas así, de chicas que conoció casualmente y que pierden el interés tan pronto como las dejaba de ver, pero… Oh, sorpresa!
Escuchó una voz de mujer muy familiar, que en un tono muy alegre le decía algo muy similar: “hola, Juan, soy yo… (silencio) ...nada, solo te llamaba porque quería escucharte, para saber como estabas..., espero que estés bien, así que... (silencio) ...nada, hablamos después, Bye.” Algo así, según él.
No, no era ella... era su Ex.
Juan me dice que lo que más lo desconcertó no fue la llamada en sí, ni lo que ella dejó grabado, sino lo que sintió luego de escuchar la llamada.
Juan no sintió un brinco en el corazón, ni un malestar en el estomago, ni un suspiro de alegría, ni un esbozo de sonrisa, nada de eso. Por el contrario, lo que sorprendió a Juan es que se sintió molesto con la llamada, y no molesto por el contenido, sino por la llamada misma!. Se sintió igual que si lo hubiera llamado una de tantas que le asedian el celular, por lo que el opta por no responder llamadas desconocidas.
“Que pasó?”, me preguntó Juan, “Yo realmente pensé que la amaba, y que todo ese tiempo juntos no se iba a borrar en un par de meses…”. El realmente pensaba que lo que estaba haciendo era suprimiendo un sentimiento con otro y que, al mínimo contacto con su ex, todo eso afloraría nuevamente… pero no!
Al final se dió cuenta de que su “gran amor” no era más que una gran adicción, como yo le había dicho tantas veces… sólo tenía que alejarse de esa droga por un tiempo prudente, y después que se le pasara el “mono”, vería como esa misma droga había manipulado su vida.
Ahora Juan me dice que se siente como uno de esos fumadores de cigarrillos que, luego de fumarse varias cajetillas al día y no poder estar sin uno encendido, un buen día lo deja y, varios meses después, ya no le hace falta, peor aún, ya el olor a cigarrillo le hiede.
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